
Una tarde de domingo en noviembre, sentada en el salón de mi piso aquí en Zaragoza, me vi incapaz de corregir los veinticinco exámenes de naturales que tenía sobre la mesa. No es que no supiera la materia —llevo seis años en la pública—, es que mi mente se negaba a procesar las frases de mis alumnos. Sentía ese nudo en el pecho, un runrún que me acompañaba desde 2020, y me di cuenta de que mi atención se había ido a pique.
Antes de seguir, os cuento que algunos de los enlaces que veréis en mis notas son de afiliada. Si acabáis matriculándoos en algún curso a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que a vosotros os suba el precio nada de nada. En mi cuaderno solo apunto lo que he estudiado de principio a fin; lo que no me termino, ni lo menciono. Y por supuesto, recordad que yo soy maestra, no médico. Si tomáis medicación o tenéis un diagnóstico, haced siempre caso a vuestro profesional de salud mental.
¿Por qué me quedo en blanco si solo estoy nerviosa?
Fecha: Mediados de febrero
Esta fue la primera pregunta que escribí en mi libreta cuando empecé a estudiar en serio. Yo pensaba que concentrarse era una cuestión de voluntad, de «apretar los codos» y ya está. Pero en el curso de Memoria Extraordinaria lo explicaban de una forma que me cambió el chip: cuando el cuerpo detecta ansiedad, entra en un modo de supervivencia que no entiende de exámenes ni de planificaciones de aula.
Resulta que el cerebro es un gorrón de energía. Aunque solo representa una parte pequeña de nuestro peso, gasta el 20% de toda la energía que consumimos. Cuando estamos ansiosos, esa energía se desvía a las áreas que nos preparan para huir o pelear. La corteza prefrontal, que es la zona encargada de que tú y yo podamos leer un libro o planificar la semana, se queda bajo mínimos porque el cerebro prefiere invertir en vigilar peligros (aunque el peligro sea solo un lunes por la mañana que se nos hace cuesta arriba).

Lo que aprendí en el módulo de entrenamiento mental
Según planteaba la profesora del curso, no es que hayamos perdido inteligencia, es que el «ancho de banda» de nuestra cabeza está ocupado por el ruido. En mis apuntes anoté que la ansiedad actúa como una pestaña del navegador que se queda abierta consumiendo recursos en segundo plano. Si tienes diez pestañas de «¿y si pasa esto?» abiertas, la pestaña de «corregir exámenes» va a ir lentísima.
Lo que me sirvió de este curso fue entender que para recuperar la concentración, primero hay que bajar el volumen de la alarma fisiológica. No puedes pedirle a un alumno que aprenda a dividir si tiene miedo; pues con nosotros pasa lo mismo. Empecé a aplicar ejercicios de visualización y orden mental que venían en el material y, poco a poco, ese nudo en el pecho dejó de secuestrarme la atención cada domingo.
Lo que todavía no tengo claro: A veces, aunque baje la ansiedad, noto que mi memoria a corto plazo sigue un poco «perezosa». No sé si es un efecto secundario del cansancio acumulado de todo el curso escolar o si necesito más tiempo de práctica para que las conexiones se vuelvan a engrasar.
¿Es normal que se me olviden cosas básicas con el estrés?

Fecha: Tras un par de meses tomando notas
Otra cosa que me traía de cabeza era el olvido. Me pasaba que iba a la cocina y no sabía a qué, o se me olvidaba el nombre de un padre en una tutoría (y eso me generaba más ansiedad, claro). En el curso explicaban que el cortisol elevado de forma crónica —la hormona del estrés— puede afectar temporalmente a cómo recuperamos recuerdos del hipocampo.
Aprendí que el cerebro no guarda bien la información si no hay un foco claro. Si cuando te están diciendo algo estás pensando en lo que tienes que hacer luego, la información ni siquiera llega a «escribirse» en el disco duro. En el curso de Reset Mental daban pautas muy concretas sobre hábitos diarios para bajar esas revoluciones y permitir que la memoria trabaje en un entorno más tranquilo.
La trampa del mindfulness cuando la presión es extrema
Aquí quiero comentar algo que me parece importante y que he visto mucho en compañeros o en gente que estudia oposiciones o carreras universitarias. A veces te dicen: «respira hondo y medita». Pero cuando tienes una hiperactivación fisiológica extrema y la presión del tiempo te asfixia, intentar meditar puede ser frustrante. A un universitario que se juega el año en tres días no le puedes decir que se siente a observar sus pensamientos sin más.
En el curso lo planteaban de otra forma: el entrenamiento mental no es solo «calma», es técnica. Es aprender a dirigir la atención de forma activa, casi como un músculo. A los estudiantes que me preguntan les digo que no busquen la paz absoluta, sino herramientas para gestionar el ruido mientras trabajan. A veces, el orden en el cuaderno (como el que yo llevo) trae más orden a la cabeza que intentar poner la mente en blanco, que es algo que yo aún no he conseguido ni de lejos.
Lo que todavía no tengo claro: Me pregunto si existe un límite de edad para estas técnicas. En clase veo que mis niños de primaria son como esponjas, pero a veces me da miedo que a los treinta y tantos ya nos cueste más «recolocar» el cerebro. En los cursos dicen que la neuroplasticidad dura toda la vida, pero supongo que la constancia que requiere es mayor a nuestra edad.
Reflexiones antes del fin de curso
Fecha: Hace unas semanas
Cierro este curso escolar con una sensación muy distinta a la de aquel domingo de noviembre. Ya no tengo esos veinticinco exámenes mirándome como si fueran una montaña inescalable. He entendido que cuidar la atención es, en realidad, una forma de cuidar la calma. No es que ahora tenga una memoria de elefante, pero sé por qué mi mente hace lo que hace.
Si os sentís así, con la cabeza dispersa y ese runrún constante, no os tratéis de tontos. Es simplemente vuestro cerebro intentando protegeros de algo que percibe como una amenaza, aunque solo sea el exceso de trabajo. A mí lo que más me ayudó a poner orden en todo este lío fue el curso de Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito, que tiene una nota de 4.3 y está muy bien estructurado por módulos, lo que a una maestra como yo le facilita mucho la vida para tomar apuntes. No es una solución mágica (que aquí en Zaragoza somos muy de trabajar duro y poco de milagros), pero te da el mapa para saber por dónde moverte cuando la niebla mental aprieta.
Espero que estos retazos de mi cuaderno os sirvan para entenderos un poco mejor. Yo seguiré apuntando dudas en cada hoja en blanco, porque al final, la mejor forma de enseñar es no dejar nunca de ser alumna.