Cuaderno de Calma

Cómo mejorar los problemas de memoria por cansancio mental cada tarde

Una tarde de noviembre, me quedé bloqueada frente a la puerta de casa sin recordar si había echado la llave o no al salir por la mañana. Tenía el cansancio de seis horas de clase pesándome en los párpados y una sensación de irrealidad que me asustó un poco. No es que fuera algo grave, pero ese runrún de no saber dónde tienes la cabeza se me estaba volviendo demasiado familiar.

Desde que en 2020 se nos instaló la ansiedad en el cuerpo a muchos, mis tardes se habían convertido en un campo de minas de pequeños olvidos. Soy maestra de primaria aquí en Zaragoza, y después de llevar seis cursos dando clase, os aseguro que el nivel de estímulos que manejamos es una barbaridad. Pero lo de llegar a casa y no recordar ni qué tenía que comprar me estaba minando la moral. Así que, como buena maestra, saqué un cuaderno y empecé a estudiar qué le pasaba a mi memoria cuando el sol empezaba a caer.

14 de noviembre: ¿Por qué se me olvida todo justo al salir del colegio?

Esta fue la primera pregunta que escribí en mi libreta. Al principio yo pensaba que era algo genético o que me estaba haciendo mayor de golpe (aunque solo tengo treinta y pocos). En el curso que empecé a estudiar, la profesora explicaba que no es que la memoria se "rompa", sino que se satura. Es lo que llaman carga cognitiva intrínseca, y para los que estamos en entornos con mucho ruido y decisiones constantes, es como intentar llenar un vaso que ya está rebosando.

Recuerdo perfectamente el olor a tiza y desinfectante de manos pegado a mi piel mientras intentaba recordar una lista de la compra de solo tres cosas al salir del cole. Era incapaz. En el material del curso mencionan la famosa Ley de Miller, que dice que nuestra memoria de trabajo solo puede manejar unos 7 elementos a la vez (más o menos dos, dependiendo del día). Si yo ya había gastado esos "huecos" recordando qué niño no había traído la autorización, quién se había peleado en el recreo y qué tema tocaba mañana, mi memoria de tarde estaba simplemente llena.

Lista de la compra manuscrita de tres artículos sobre una mesa de madera

Lo que me aclaró el curso es que la fatiga mental no es falta de inteligencia, sino un agotamiento de los recursos que permiten que la información se quede grabada. Si el cerebro está cansado, ni siquiera llega a "escribir" el recuerdo. Por eso, al llegar al portal, no es que hubiera olvidado si cerré con llave; es que mi cerebro estaba tan ocupado en otra cosa que ni siquiera registró el movimiento de mi mano.

Lo que todavía no tengo claro, y es algo que me sigue rondando, es hasta qué punto influye el ambiente físico (como el desorden de mi escritorio de maestra) en esa saturación. Sé que el curso decía que el entorno importa, pero no sé si limpiando la mesa se limpia también la mente o si eso es ya pedirle demasiado a la organización.

12 de enero: ¿Es normal que me duela la cabeza al intentar recordar un nombre?

Tras las vacaciones de Navidad, volví con fuerzas, pero a la segunda semana ya estaba igual. Sentía ese latido sordo en las sienes que aparece justo cuando no me sale el nombre de un vecino al cruzarme con él en el portal. Es frustrante porque sabes que lo sabes, pero la información no sale.

En el curso explicaban algo que me dejó de piedra: el cerebro humano, aunque solo representa una parte pequeña de nuestro peso, consume cerca del 20% de la glucosa y la energía total del cuerpo. Cuando estamos en un estado de cansancio mental sostenido, ese consumo de energía se vuelve ineficiente. Básicamente, mi cerebro estaba en "modo ahorro" por la tarde. Si yo forzaba la máquina intentando recordar datos irrelevantes, la tensión aumentaba.

Aprendí que el hipocampo, que es como el bibliotecario de nuestra memoria, se lleva fatal con el cortisol alto (la hormona del estrés). Si yo salía del cole con el nivel de estrés por las nubes, mi bibliotecario se iba de huelga. Por eso, antes de intentar memorizar nada por la tarde, ahora intento bajar las pulsaciones. Por cierto, siempre lo digo, pero si alguien siente que este cansancio es incapacitante o está tomando medicación, que no deje de consultar con su médico. Mis apuntes son de una maestra que estudia, no de una profesional sanitaria.

Apunte en un cuaderno sobre el consumo de energía del cerebro humano

Lo que aún no entiendo del todo es por qué a veces recuerdo perfectamente una canción de los años noventa y no lo que cené ayer. En el curso hablaban de la memoria a largo plazo frente a la de corto plazo, pero me sigue pareciendo un misterio cómo el cerebro elige qué tirar a la basura cuando estamos agotados.

2 de febrero: ¿Por qué descansar "del todo" a mediodía puede ser un error?

Después de unas tres semanas aplicando lo que aprendía, me di cuenta de un error que cometemos casi todos. Yo llegaba a comer y me ponía a mirar el móvil o a ver las noticias para "desconectar". El curso planteaba una idea muy distinta: evitar el descanso total (entendido como inactividad sensorial o distracción digital) durante las pausas del mediodía paradójicamente empeora tu fatiga cognitiva.

Parece ser que para que la memoria funcione bien, necesitamos activar correctamente la Red Neuronal por Defecto (o modo predeterminado). Si estamos todo el rato metiendo información nueva (aunque sea un video de Instagram), esa red no se activa y el cerebro no puede procesar lo que ha vivido por la mañana. Es como si no dejáramos que el camión de la basura pase a limpiar las calles de nuestra mente.

Empecé a probar micro-descansos sensoriales: cinco minutos de mirar por la ventana sin hacer nada, solo escuchando los sonidos de Zaragoza, o simplemente estar sentada en silencio antes de empezar a corregir. Por cierto, si os agobiáis con las tareas pendientes, a mí me ayudó mucho leer sobre cómo organizar la agenda de trabajo sin sentir agobio, porque tenerlo todo apuntado libera espacio en esos "7 huecos" de los que hablábamos antes.

Lo que todavía se me escapa es cómo entrenar esa red neuronal cuando el entorno es ruidoso de verdad, como un comedor escolar. El curso daba pautas, pero la práctica en medio del jaleo de los críos es otra historia muy distinta.

25 de marzo: Recuperando la agilidad de los domingos

A finales de marzo, empecé a notar que las lagunas mentales de la tarde habían remitido. Ya no llegaba a la cena con esa sensación de ser un zombi. No es que mi memoria se hubiera vuelto extraordinaria de la noche a la mañana, pero estaba aprendiendo a gestionar la energía.

Otro punto clave que saqué de los apuntes fue la importancia de los ciclos. Hablaban de que un ciclo de sueño estándar dura unos 90 minutos y que la consolidación de la memoria ocurre precisamente ahí. Si por la tarde estamos agotados, a veces una siesta de veinte minutos (no más, para no entrar en sueño profundo) puede resetear esa capacidad de almacenamiento. Yo era de las que pensaba que dormir la siesta era perder el tiempo, pero resulta que es como darle al botón de "guardar" en el ordenador.

Vía urbana de Zaragoza vista a través de una ventana al atardecer

Ahora, cuando noto que el latido en las sienes va a empezar, paro. Ya no fuerzo. He aprendido que la memoria es una función biológica, no un músculo que se pueda forzar hasta el infinito sin que se queje. Si os pasa que al intentar mejorar la concentración para corregir exámenes sentís que no os queda ni una neurona viva, probad a cerrar los ojos y no hacer nada durante diez minutos. Parece una tontería, pero a mí me ha devuelto media vida.

Lo que aún no tengo claro es si estos ciclos de 90 minutos funcionan igual para todo el mundo o si las que somos "alondras" (de madrugar mucho) tenemos una curva de cansancio distinta a los que son más nocturnos. Supongo que eso será para el siguiente cuaderno de apuntes.

Todo esto que os he contado lo he ido sacando de mis sesiones de estudio personal, especialmente de un curso llamado memoria-extraordinaria, que es de donde saqué estos apuntes tan detallados sobre el funcionamiento del cerebro. No soy experta, ya lo sabéis, solo soy una maestra que quería dejar de olvidar dónde había puesto las llaves de casa al terminar la jornada.

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