Cuaderno de Calma

Cómo mejorar la concentración para corregir exámenes sin sentir ansiedad

El rotulador rojo deja un rastro con olor metálico sobre el papel según avanza la corrección, algo parecido al alcohol de fregar suelos. Es la señal que asocio con la tensión en el pecho: en cuanto aparece ese olor ya llevo varios exámenes corregidos y noto que la cabeza empieza a irse a otro sitio, aunque el texto que tengo delante sea sencillo. Esa mezcla de ansiedad laboral y falta de concentración docente delante de una pila de exámenes es de las dudas que más me ha hecho estudiar por mi cuenta, porque en la carrera nadie explica qué le pasa a la cabeza cuando se bloquea así.

Esta entrada la organizo distinto a como suelo hacerlo, porque llevo un tiempo recopilando las preguntas que más me repiten compañeras de claustro y gente del curso online sobre este tema en concreto, y responderlas una a una tiene más sentido que contarlo todo seguido. Van con lo que fui sacando de los distintos módulos, del método de loci a lo que allí llamaban memoria extraordinaria, y con la advertencia de siempre: si tomas medicación o tienes un diagnóstico, esto que apunto no sustituye a quien te lleve el caso de verdad.

Por qué se me va la cabeza a la tercera pregunta del examen

Antes de ponerme a estudiar esto yo creía que corregir bien era cuestión de fuerza de voluntad: si me despistaba era porque era vaga o porque no me gustaba mi trabajo. Me sentaba, abría el primer sobre y, a la tercera pregunta, ya estaba pensando en la lista de la compra o en un comentario de un padre en la última tutoría.

En el curso sobre entrenamiento mental lo explicaban distinto a como yo lo tenía en la cabeza: la ansiedad de desempeño tira directamente de la memoria de trabajo, esa que necesitas para sostener una frase mientras la comparas con lo que el alumno debería haber puesto. No es que no sepas leer, es que el cerebro está ocupado gestionando la alarma y no le queda margen para lo demás, algo que en otro módulo llamaban el bucle entre ansiedad y atención: cuanto más te preocupa no concentrarte, menos te concentras, y vuelta a empezar. Si esto te suena de algo, tengo apuntado algo parecido sobre cómo mejorar la concentración al leer con ansiedad, porque corregir exámenes al final es una forma de lectura crítica que te exige el triple cuando estás nerviosa.

Probé de todo antes de encontrar lo que de verdad me sirvió: llegué a apuntar tres cosas por las que estar agradecida antes de dormir, convencida de que así llegaría más descansada a las correcciones, y el nudo en el pecho seguía apareciendo igual con el rotulador en la mano. Lo que sí me ayudó a entender el mecanismo fue una idea de otro módulo sobre las señales del cuerpo: ese mismo aviso me salta en clase cuando el ruido de fondo sube de golpe y tengo que cortar una explicación a media frase, y aprendí a leerlo como una señal previa, no como el problema en sí.

El ruido de fondo no es el enemigo que yo creía

Lo que más me costó aceptar fue que el silencio total tampoco es amigo de una cabeza ansiosa. Me forzaba a corregir sin ruido de ningún tipo y era peor, porque la mente llenaba ese hueco con lo que en el curso llamaban ruido mental: pensamientos sueltos que no llevan a ningún sitio y que compiten por el mismo espacio que necesitas para leer con atención. Cambié el silencio por un sonido de fondo muy neutro — algo parecido a la lluvia, sin letra ni melodía que seguir — y esa mente inquieta dejó de rellenar los huecos con rumiaciones, como si le hubiera dado algo simple con lo que entretenerse mientras la parte racional se ponía a trabajar.

Primer plano de un rotulador rojo sobre un examen, la señal de ansiedad laboral que Irene asocia a la falta de concentración docente

Aplicar el método de loci a un montón de exámenes

El método de loci lleva documentado desde el siglo 5 a.C., cuando se lo atribuyen a Simónides de Ceos: la idea de asociar información a un lugar conocido para no perderla. Yo pensaba que una técnica de la Grecia antigua tenía poco que ver con corregir exámenes de 4º de Primaria, pero el segundo módulo del curso la aplicaba justo a eso — visualizar un espacio que conoces bien y colocar ahí la información, o el orden en el que quieres procesarla.

Lo que yo empecé a hacer, siguiendo lo que el curso llamaba memoria extraordinaria, fue visualizar cada examen como una parte distinta de mi aula: la pregunta más densa en la pizarra, la de desarrollo en la mesa del rincón de lectura, la más mecánica junto a la puerta. Parece una tontería, pero asignar mentalmente cada pregunta a un rincón físico hace que el cerebro deje de pelear contra la distracción, porque tiene una estructura a la que agarrarse en lugar de datos sueltos flotando sin orden.

A una amiga del foro del curso, Cinta Moragues, esto le pareció fascinante desde el principio — es de las que toma notas en colores y comparte lo que le parece útil, y fue ella quien me mandó un esquema con el aula dividida por zonas antes de que yo lo hubiera pensado con tanto detalle. Con su esquema delante até cabos más rápido de lo que habría tardado yo sola, y terminé adaptándolo a mi propia clase.

La primera vez que noté que algo había cambiado fue casi sin querer: llevaba cuatro páginas seguidas de un examen largo sin que se me hubiera ido la cabeza en ningún momento, y tuve que parar un segundo a comprobar si de verdad había leído todo aquello con atención. No fue un examen fácil ni un día especialmente tranquilo, así que me quedé con esa señal como prueba de que el método estaba funcionando y no era solo casualidad.

Página de cuaderno con un boceto del método de loci y la memoria extraordinaria aplicada a un aula de primaria

El mismo truco cuando el cansancio ya no da más de sí

Hay días en los que ni el mapa mental del aula ni ningún truco de atención funcionan, y ahí toca ser sincera: cuando el cansancio mental ya está en zona roja, con varias tutorías seguidas, un claustro largo, la típica semana en la que se junta todo, el método por sí solo no compensa la falta de descanso de base. El curso lo explicaba como que el entrenamiento mental necesita un mínimo de recuperación para sostenerse, y ese mínimo es justo lo que más me cuesta sostener cuando el trabajo se acumula.

Tampoco es lo mismo este bloqueo puntual que un ataque de pánico en toda regla, que es un mecanismo distinto y que dejé apuntado aparte porque merece su propio espacio. Sé que hay quien trabaja esto mismo desde la respiración o desde el sueño — el propio descanso es cuando el cerebro consolida lo que aprendiste durante el día, algo que otro módulo explicaba mejor de lo que yo podría resumir aquí. Si notas que esto te desborda, o si tomas medicación o tienes un diagnóstico previo, esto son apuntes de una maestra estudiando por su cuenta, no orientación profesional. Habla con alguien cualificado antes de apoyarte solo en lo que lees en un cuaderno.

Cuando el cansancio hace que la cabeza empiece a dar vueltas sobre lo mismo, lo que más me ayuda es diferenciar el pensamiento de lo que ese pensamiento dice que es verdad, una idea que en el curso trabajaban de otra manera, pero que en la práctica es aprender a mirar el runrún sin creérselo del todo. En los días en que ese runrún se me pega más de la cuenta, me sigue viniendo bien releer lo que anoté sobre cómo dejar de rumiar pensamientos negativos tras un día difícil en el cole, porque corregir con la cabeza dando vueltas cansa el doble.

Lo que todavía no tengo claro

No tengo del todo claro si esto funciona igual para cualquiera o si mi cabeza, acostumbrada a organizar contenidos por ser maestra, tiene más facilidad para este tipo de visualizaciones. Una compañera del curso, Edurne Garai, enfermera de Bilbao que lo compaginaba con turnos y con estudiar para sus oposiciones, me contaba que a ella el mapa mental le costó más al principio porque su cabeza está entrenada para protocolos y no tanto para imágenes, pero que en cuanto lo adaptó a su terreno, le funcionó igual de bien que a mí.

Si me preguntas qué consejo concreto saco de todo esto, es que antes de sentarte con la pila de exámenes merece la pena decidir dos cosas: qué vas a usar para que el silencio no se llene de rumiaciones, y en qué orden vas a organizar las preguntas antes de abrir el primer sobre, porque decidirlo de antemano reduce buena parte del bloqueo que aparece a mitad de corrección. Lo que sigue sin estar resuelto es qué hacer esos días en los que el cuerpo ya no da más de sí, y ahí, de momento, no tengo mejor respuesta que parar antes de que el cansancio gane la partida.

Todo esto lo he ido sacando de estudiar por mi cuenta desde que empezó a hacerme falta, módulo a módulo, con el cuaderno donde voy anotando lo que cada parte del material me aclaraba y lo que todavía se me resiste.

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