Cuaderno de Calma

Por qué olvido cosas simples: pérdida de memoria por ansiedad y estrés

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¿Por qué te puedes quedar con la mano en el pomo de la puerta del aula y no tener ni idea de a qué ibas al pasillo?

Esto es lo que a mí me dejó más descolocada cuando empecé a fijarme en serio: la pérdida de memoria por ansiedad no es que el dato desaparezca, es que no consigues llegar hasta él. Llevo seis cursos dando clase en un colegio de Zaragoza, y entre pizarra y pizarra fui viendo que la concentración de las maestras se resiente tanto como la salud mental de cualquier docente sometido a alerta constante, solo que a nosotras nos toca disimularlo delante de veinticinco niños de siete años. Por eso llevo un tiempo intentando entrenar el cerebro sin esperar a que la ansiedad desaparezca sola, apuntando en mi cuaderno lo que cada curso me va aclarando. Os dejo algunos de esos apuntes, con la advertencia de siempre: si tomáis medicación o tenéis un diagnóstico, esto no sustituye lo que os diga vuestro profesional de salud mental, y algunos enlaces de este texto son de cursos que hice yo misma, con una pequeña comisión si os matriculáis a través de ellos.

¿Por qué se me olvida algo tan simple si no me pasa nada raro en la cabeza?

Escribo esto en la mesa de la cocina, con la tarde entrando por la ventana y el café ya frío sin que me haya dado ni cuenta. Paso las páginas ya estudiadas del cuaderno y noto cómo rozan bajo el dedo los marcadores de colores que uso para separar cada módulo, uno por curso, para no mezclar apuntes. En el de Memoria Extraordinaria, la profesora lo planteaba así: el problema casi nunca es el archivo, es el acceso. Ahí metían de por medio el cortisol y el hipocampo, aunque en esa parte no me metí mucho más a fondo, no es mi terreno y prefiero no dar por sentado lo que no entendí del todo. Lo que sí me quedó claro es la imagen que usaban: es como buscar un libro en una biblioteca con el bibliotecario gritando y corriendo de un lado a otro. El libro sigue ahí. Nadie puede llegar hasta él.

Cuaderno de notas de una maestra con apuntes sobre ansiedad y memoria para entrenar la concentración

La ansiedad ocupa el espacio que necesitarías para recordar

Según el curso de Reset Mental, lo que yo llamo el runrún es sencillamente eso: la cabeza ocupada vigilando amenazas, sin dejar sitio a nada más. Hay una única memoria de trabajo, y si buena parte de esa memoria está gastada en «¿he corregido todo?, ¿qué dirá esta madre?», no queda margen para recordar dónde dejaste las llaves. En mi entrada sobre concentración y ansiedad entro más a fondo en el bucle entre atención y ansiedad y en por qué la memoria de trabajo se vacía tan rápido; ahí también dejé apuntada una técnica que llaman defusión cognitiva, que aquí no desarrollo porque me llevaría otro cuaderno entero. El ruido mental en general, esa sensación de tener veinte pestañas abiertas en la cabeza a la vez, lo dejo también para otra entrada, que ahí sí me extiendo.

¿Sirve con anotar cada noche tres cosas bonitas antes de dormir?

Probé esto una temporada: apuntar tres cosas por las que estar agradecida justo antes de apagar la luz. Pensaba que, si cerraba el día en positivo, dormiría mejor y al día siguiente tendría la cabeza más despejada. No cambió gran cosa en los olvidos del día a día, la verdad, y con el tiempo até cabos: el problema no estaba en cómo cerraba la noche, sino en cómo dormía, y ahí el sueño en sí pesa más de lo que yo pensaba a la hora de fijar los recuerdos, algo que dejo para otro cuaderno porque el curso apenas lo tocaba de pasada. Hace unos domingos sí noté algo distinto: estaba tumbada, sin repasar mentalmente la semana que tenía por delante, solo mirando cómo se movía la luz por el techo. Antes eso no me pasaba nunca.

Lo que Edurne me preguntó desde el foro

Hace poco iba paseando sin rumbo por El Tubo, con el móvil pegado a la oreja mientras Cinta me contaba un lío de gestión de equipo en su trabajo (ella todo lo acaba llevando al terreno de las personas, hasta cuando le hablo de mis olvidos), y me paré en seco porque no recordaba a qué tienda iba. Por el mismo foro donde conocí a Cinta hablo también con Edurne, de Bilbao, compañera de curso y enfermera de turnos, que suele escribir mensajes larguísimos y muy precisos. Hace poco preguntó algo que se me quedó grabado: si los olvidos que nota en el trabajo tienen que ver con la ansiedad o simplemente con el cansancio de los cambios de turno. No tengo una respuesta cerrada, pero según lo que estudié, ambas cosas se retroalimentan: el cansancio deja menos margen en la cabeza, y ese margen reducido es justo el que la ansiedad también necesita para instalarse. En el material de Memoria Extraordinaria no entraban en el tema de los turnos, así que ahí me quedé a medias. Lo que sí me sirvió de ese curso fue entender que superar el agotamiento mental no depende de hacer más ejercicios de memoria, sino de bajarle la carga al procesador.

Entrenar el cerebro sin perseguir la calma inmediata

Aquí es donde distingo mi cuaderno de otros recursos sobre ansiedad: no busco la calma de un momento puntual, busco entender cómo entrenar la memoria y el foco a medio plazo. Los disparadores concretos del aula, una pregunta inesperada, un examen que corregir en directo, los dejo apuntados en otra entrada, porque ahí entro en detalle y aquí me desviaría del tema. Lo mismo con las señales físicas del cuerpo, ese nudo en el pecho o la tensión de mandíbula, que tiene su propio cuaderno aparte. Y con la respiración: sé que regularla ayuda a bajar la alerta antes de intentar memorizar nada, pero cómo hacerlo bien también se merece su propia entrada, no una línea suelta aquí. Lo que sí puedo decir, apoyada en los apuntes de Domina tu Ansiedad, es que entrenar el cerebro con ansiedad no va de repetir listas de memoria una y otra vez, sino de aprender a notar cuándo el ruido ha subido demasiado antes de intentar retener nada nuevo.

Lo que todavía no tengo claro: no sé hasta qué punto estos olvidos tan simples, la mano en el pomo, el nombre que se me escapa a media frase, son solo ansiedad o si se les suma el cansancio acumulado de un curso escolar entero, y el material que he estudiado hasta ahora no separa bien las dos cosas. Sigo dándole vueltas. Si os reconocéis en esto que cuento y os apetece mirar por dónde empecé yo, los apuntes de Memoria Extraordinaria son los que más me ayudaron a ponerle nombre a lo que me pasaba, no como receta cerrada sino como el cuaderno del que parto para seguir estudiando esto.

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