Cuaderno de Calma

Cómo superar el agotamiento mental y recuperar la claridad en el día a día

De conformidad con la Ley 34/2002 (LSSI-CE), art. 20, sobre comunicaciones comerciales, este artículo señala la presencia de enlaces de afiliado. Si realiza una compra a través de uno de ellos, recibo una comisión del comerciante, su precio de compra permanece inalterado.

Cuarenta y una preguntas: son las que llevo apuntadas en el cuaderno desde que empecé a mirar de cerca la ansiedad y el agotamiento mental, una por cada duda que se me atascaba a media clase sin que supiera cómo nombrarla. Daba por hecho que el cansancio de después de una jornada larga era solo físico, del tipo que se arregla con el sofá y una serie. Los cursos que he ido haciendo apuntan a otra cosa: el agotamiento de un docente viene menos de moverse poco y más de procesar de más (alumnado, ruido, decisiones pequeñas sin pausa) y la claridad no vuelve con más actividad relajante, sino con algo parecido a un reset mental, bajar la entrada de información en vez de sustituirla por otra. Eso toca de lleno mi salud emocional como maestra.

Antes de seguir, una aclaración rápida: algunos enlaces de este cuaderno llevan etiqueta de afiliado, y si alguien acaba matriculándose en algún curso a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que el precio cambie ni un céntimo para quien compra. Aquí solo anoto los cursos que hice completos, de principio a fin; lo que dejé a medias no aparece. Y ya que estamos: soy maestra, no psicóloga ni médico, así que si tenéis un diagnóstico o tomáis medicación, quien manda es vuestro profesional de salud mental, no mis apuntes.

Acabo agotada aunque no haya hecho nada especial

Confiaba en que un domingo tranquilo bastaba para llegar entera al lunes, antes de ponerme a estudiar esto en serio. Pero llegaba igual con esa presión sorda en las sienes, la que noto en cuanto suena el timbre del recreo y el pasillo se llena de gritos, una señal física de la que otro cuaderno mío se ocupa con más detalle, aquí me quedo solo con la parte de la cabeza. Según uno de los cursos que hice, ahí hay algo bastante contraintuitivo: la gestión activa del tiempo (planificar, organizar, incluso planificar el descanso) puede alimentar el agotamiento en lugar de aliviarlo.

Mano escribiendo apuntes de ansiedad y reset mental en un cuaderno de tapa rugosa

Ahí estaba usando, sin saberlo, el mismo engranaje mental que uso delante de veinticinco críos: la corteza prefrontal, que según el curso no distingue demasiado bien entre organizar la vida y dar clase.

Lo útil que saqué de esto no es una lista de tareas nuevas, sino un criterio concreto: si sigo dándole vueltas al mismo problema mientras "descanso", no estoy descansando, estoy rumiando con otro nombre. Hay un concepto que conocía solo de pasada, el de dejar pasar un pensamiento sin engancharme a él, y que empieza a explicar por qué darle vueltas a la misma preocupación cansa tanto como corregir exámenes. También conecta con eso el bucle de ansiedad y atención que ya conocía de otro apunte mío: cuanto más ansiosa, más cuesta sostener la concentración en una sola cosa.

Probé, además, durante una temporada, a tomar una infusión de valeriana y pasiflora cada noche pensando que induciría calma; el runrún seguía intacto a la mañana siguiente, así que lo dejé.

Lo que aún no tengo claro es cuándo mi cabeza está realmente parada y cuándo solo está en modo espera tensa, pasando lista mentalmente sin que yo me dé cuenta.

Si esto de no lograr apagar la cabeza os suena de algo, tengo otra entrada centrada solo en por qué me costaba tanto desconectar del trabajo al llegar a casa.

El ruido que se acumula en una jornada de clase

Otra pregunta que fui apuntando fue cómo se limpia esa sensación de radio mal sintonizada después de una jornada larga, algo que trato con más detalle en la entrada sobre qué hacer cuando tienes la mente dispersa.

El material que estudié explicaba que el agotamiento no se acumula de golpe, sino en microdosis: cada decisión pequeña sin pausa entre medias (quién no trajo la autorización, quién se peleó en el patio, qué página tocaba hoy) va llenando algo que el curso llamaba memoria de trabajo, y que otro cuaderno mío explica con más calma porque la parte más técnica de eso, sinceramente, todavía se me resiste.

Interior de un coche en silencio frente a un colegio, una pausa mental entre clases

Sé que llevo un buen rato metida en esto cuando me doy cuenta de que el café se me ha quedado frío en la taza mientras iba rellenando fichas de repaso. Cuando puedo, prefiero leer los módulos nuevos en la Biblioteca de Aragón, donde el único ruido de fondo es el paso de páginas; en casa, con todo pidiendo atención a la vez, cuesta mucho más entrar en ese modo de bajo consumo.

La técnica concreta que saqué de ahí, y que sigo usando, es lo que el curso llamaba "momentos de vacío": parar un minuto entre clase y clase, sin música ni móvil, sin objetivo ninguno, ni siquiera el de relajarme. El criterio que uso para saber si lo estoy haciendo bien es sencillo: si en ese minuto sigo dándole forma a una frase o a una lista mental, no cuenta como vacío, cuenta como trabajo con los ojos cerrados.

Tengo una amiga que se apuntó a cerámica en un taller del Casco Viejo buscando exactamente lo mismo, desconectar, y a ella el barro le funciona de maravilla; a mí no me quita nada de la cabeza, así que cada quien acaba encontrando su propio hueco de vacío.

Lo que aún no tengo claro es si estos parones bastan cuando el desgaste viene de mucho tiempo atrás y no de una sola mala semana; sospecho que no, pero todavía no he encontrado un curso que lo explique bien.

La claridad no vuelve por hacer más, vuelve por procesar menos

Este es el punto que más me costó aceptar: la claridad no vuelve por hacer cosas relajantes, vuelve por dejar de procesar información. Mirar el móvil, aunque sea contenido ligero, sigue siendo procesar imágenes y datos, así que no cuenta como pausa real por mucho que lo parezca. Lo que sí cuenta, según lo que fui sacando de los cursos, es dejar que la cabeza divague sin rumbo fijo, sin una tarea ni un objetivo detrás.

Lo noté de verdad el día que entré a una reunión de tutoría con un padre y me di cuenta, ya en el umbral del aula, de que no llevaba encima el nudo de siempre en el pecho. Ese tipo de disparador dentro del aula es otro tema que trato aparte, porque merece su propio espacio y no quiero resumirlo mal aquí.

También hay una pieza de sueño y memoria que dejo para otra entrada, porque el curso que la trata la explica mucho mejor de lo que podría resumir yo aquí, y la respiración tiene su propio apartado en otro de mis cuadernos, con ejercicios pensados para la tensión en el pecho que a veces noto antes de entrar a clase.

Poner esto en práctica: dos cursos que anoté

De los dos cursos que más apuntes me han dado sobre esto, uno fue Reset Mental (Reset Mental), que tiene una valoración de 4.2 y que me sirvió sobre todo para los hábitos diarios: los "momentos de vacío" de los que hablaba antes salen de ahí. El otro fue Memoria Extraordinaria (Memoria Extraordinaria), que trabaja la memoria y la concentración juntas y que me ayudó a entender por qué se me olvidaban tantas cosas justo en las semanas de más carga. Ninguno de los dos trata la ansiedad de forma directa, así que si eso es lo que buscáis específicamente, no es el punto fuerte de estos dos.

Si la cabeza no os da para más y queréis leer sobre ese ruido mental de fondo que no os deja aparcar nada, tengo otro cuaderno centrado solo en eso: mi cuaderno de maestra y la ansiedad. Y si el agotamiento os supera de verdad, lo de siempre: hablad con un profesional que pueda veros de cerca, no os quedéis solo con estos apuntes.

Nadie nace sabiendo gestionar esto, y sigo aprendiendo apunte a apunte. Hay días en que tengo la teoría clarísima y aun así la claridad se me escapa entre los dedos a media tarde. Lo anoto igualmente, por si el próximo curso me explica la parte que todavía me falta.

Artículos relacionados