Cuaderno de Calma

Síntomas físicos de la ansiedad por estrés laboral en docentes

El nudo que se me hace en el pecho antes de entrar a clase y el nombre de un alumno que se me borra a media lección parecen dos síntomas distintos —uno es cuerpo, el otro es cabeza— pero, según el curso que más apunté en mi cuaderno, los dos nacen del mismo estrés laboral acumulado. Antes de seguir, os aviso como siempre que algunos enlaces de este cuaderno son de afiliada: si os apuntáis a algún curso desde aquí, a mí me llega una comisión pequeña y a vosotros no os cuesta nada extra. Llevo seis cursos dando clase en un colegio público de Zaragoza, y hasta hace poco no relacionaba estos síntomas físicos de la ansiedad con la parte más invisible del oficio, la carga mental que se acumula sin que nadie la vea. Esto es lo que voy ordenando en el cuaderno sobre la ansiedad docente y el estrés laboral, síntoma por síntoma, y lo que todavía se me resiste explicar del todo.

Estrés laboral y salud mental docente: qué hace el cuerpo antes de que la cabeza se entere

Hasta que empecé a estudiar esto, creía que estos síntomas eran solo cansancio acumulado de final de trimestre. En el curso de Memoria Extraordinaria (tiene una valoración de 4.3 sobre 5, y es de donde más apuntes he sacado) lo plantean de otra manera: el cuerpo no distingue entre una amenaza real y el ruido constante de una clase de veinticinco críos, así que reacciona igual aunque no haya ningún peligro de verdad. Leí que el cuerpo empieza a prepararse para el esfuerzo antes de que suene el timbre del lunes, soltando cortisol de anticipación; el curso no entra en el mecanismo exacto de esto y yo tampoco me atrevo a explicarlo mejor que ellos, así que me quedo con la idea general. Lo que sí reconozco es la sensación física: una opresión en el pecho o la garganta que se cierra sin que haya ni hambre ni frío de por medio. El mismo material apunta que la ansiedad y la atención entran en una especie de bucle —cuanto más tensa estoy, peor me concentro, y cuanto peor me concentro, más tensa me pongo—, aunque ese mecanismo lo desarrollo con calma en otro cuaderno; aquí lo dejo solo apuntado.

Lo que todavía no tengo claro es por qué a una compañera el estrés le da por el estómago y a mí se me cierra la garganta; supongo que cada cuerpo tiene su punto flojo particular. Probé una temporada a tomar infusiones de valeriana y pasiflora cada noche, y la tensión de la mañana siguiente apenas cambiaba, así que dejé de fiarme de esa solución por sí sola. Si esto os desborda o os impide hacer vida normal, no os quedéis solo con mis apuntes: id al médico, que yo aquí soy maestra tomando notas, no soy sanitaria.

Cuaderno de notas con apuntes manuscritos sobre síntomas de ansiedad y estrés laboral docente, visto de cerca

Se me olvidan cosas en clase que llevo viendo todo el curso

Esto lo noté sobre todo en las semanas de evaluaciones, pasando lista y quedándome un instante sin el nombre de un alumno que veo cada día. Me sentía fatal, como si estuviera perdiendo facultades. En el material que estudié explican que aquí entra en juego la memoria de trabajo, aunque ese concepto en concreto lo desarrollo módulo a módulo en otro cuaderno; aquí me quedo con que la ansiedad le resta sitio a esa memoria inmediata, no con el cómo exacto. El curso de Reset Mental trae ejercicios concretos para bajar las revoluciones al llegar a casa, y alguno me ha servido para no llevarme la lista de tareas pendientes a la cama.

Pila de exámenes corregidos en un aula de primaria, reflejo de la carga de estrés laboral y salud mental en los maestros

'Respira hondo' no funciona con un grupo difícil

Aquí es donde mi experiencia de aula choca con el consejo genérico que más se repite. La idea de que si la maestra respira hondo el grupo se calma solo funciona a medias: con veinticinco críos delante, cerrar los ojos para respirar me hace perder el control visual de la clase, y eso a mí me pone más nerviosa, no menos. El curso de concentración que sigo llama a esto 'defusión cognitiva' —separar el pensamiento de lo que está pasando de verdad—, y promete ayudar a soltar la hipervigilancia sin bajar la guardia del todo, aunque esa técnica en concreto la explico mejor en otro cuaderno. Una compañera del cole, para desconectar, se apuntó a un taller de cerámica en el Casco Viejo; a mí lo que más me sirve es anotar en el momento qué fue exactamente lo que disparó la tensión, en vez de limitarme a respirar y ya está.

Cervicales y hombros: la tensión que no se afloja al llegar a casa

Las tardes de más calor en Zaragoza el dolor de cuello se vuelve casi constante, y durante un tiempo pensé que era solo por la postura al corregir exámenes. En una de las lecciones del curso Domina tu Ansiedad explican que el estrés laboral se traduce en tensión muscular sostenida, sobre todo en hombros y cuello, como si el cuerpo se quedara encogido esperando un golpe que no llega. Lo que aprendí es que, aunque estire el cuello al final del día, si la cabeza sigue dándole vueltas al conflicto del recreo o a la reunión con una familia difícil, el músculo no acaba de soltarse de verdad. Para quien esté lidiando con síntomas físicos fuertes de verdad, ahí ya no hablamos de apuntes de maestra: existen profesionales de la psicología del trabajo que dan pautas mucho más precisas que las mías.

Maestra de primaria tocándose el cuello por tensión cervical, uno de los síntomas físicos de la ansiedad docente

Si os sentís identificadas con estos despistes o con ese nudo que no afloja, para mí lo más útil sigue siendo Memoria Extraordinaria: entender que el cerebro estaba reaccionando de forma lógica a un entorno de mucho estrés me quitó buena parte de la culpa de encima —no quitó la ansiedad, pero sí la sensación de estar fallando como maestra—. Ese ruido mental del que hablaba antes lo desarrollo con más calma en mi cuaderno de maestra y la ansiedad, y de cómo se dispara todo esto dentro del aula, minuto a minuto, hablo en gestionar la ansiedad en el aula. Ánimo a las que estéis lidiando con lo mismo estos meses de estrés laboral.

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