
Cae la tarde de un domingo cualquiera en Zaragoza y el sol empieza a ocultarse tras los edificios. En lugar de estar descansando para empezar la semana con energía, noto cómo el pecho se me aprieta. Es ese runrún que se me instaló en 2020 y que, como maestra, me ha perseguido cada víspera de lunes. Es una sensación física, como si llevara un libro de texto muy pesado justo encima del esternón.
Veréis, algunos de los enlaces de estas fichas están etiquetados: si acabáis matriculándoos en alguno de los cursos a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que el importe que pagáis suba nada. En este cuaderno que veis en la foto solo termino anotando lo que he estudiado de principio a fin; lo que no completé o no me convenció, sencillamente no lo menciono.
23 de noviembre: ¿Por qué me angustio si técnicamente estoy descansando?
Al principio no pillaba por qué, estando sentada en el sofá, mi cabeza ya estaba en el aula de mañana. Antes de ponerme a estudiar esto yo creía que la ansiedad era solo por tener mucho trabajo, pero en un domingo de noviembre especialmente gris me di cuenta de que el agobio empezaba antes de abrir la agenda. Me preguntaba si mis compañeros de pasillo sentían este mismo nudo en la garganta o si yo era la única maestra que no sabía gestionar el lunes después de seis cursos ya dando clase.
En el curso Reset Mental lo planteaban de una forma que me aclaró mucho las cosas: el cerebro odia la incertidumbre del cambio de ritmo. Pasamos del ocio del sábado a la responsabilidad del lunes sin una transición clara. La profesora explicaba que el domingo por la tarde no hay que "intentar no pensar", sino darle a la mente una estructura suave para que no rellene los huecos con miedos. Aprendí que calmar los nervios antes de ir a trabajar al colegio empieza por aceptar que esa transición existe y no intentar ignorarla.

Lo que aún no tengo claro es por qué unos domingos el nudo es casi imperceptible y otros me cuesta hasta respirar hondo, incluso cuando la carga de trabajo es la misma. Supongo que influyen factores que todavía no he llegado a estudiar en los módulos más avanzados.
11 de enero: Cuando el silencio del domingo se vuelve el enemigo
Después de las vacaciones de Navidad, volví a las andadas. Yo pensaba que la solución era simplemente dormir más y me frustraba muchísimo al ver que a las tres de la mañana seguía con los ojos como platos repasando mentalmente la lista de asistencia. Intentaba quedarme quieta, en silencio, pero mi mente iba a mil por hora.
Aquí es donde entró el enfoque que más me ha servido y que va un poco a contracorriente. En el curso que más he aprovechado, Memoria Extraordinaria (que por cierto tiene una valoración de 4.3 por los usuarios), aprendí algo fundamental sobre el funcionamiento de la memoria de trabajo. Resulta que para muchas personas, especialmente si tienes un cerebro que busca estímulo constante (como les pasa a mis alumnos con TDAH y, sospecho, a mí misma), la quietud absoluta es contraproducente. El consejo estándar de "relájate y no hagas nada" nos genera más ansiedad porque el cerebro se pone a buscar problemas que resolver.
La propuesta del curso era el enfoque activo. En lugar de intentar dejar la mente en blanco, hay que darle una tarea de baja intensidad pero alta estructura. Para mí, eso fue empezar mi cuaderno de espiral. El tacto rugoso de las tapas, con las esquinas ya algo dobladas de tanto llevarlo en el bolso del cole, me ayuda a aterrizar. Escribir a mano las dudas de la semana que viene organiza el "almacén" de mi cabeza y baja el ruido mental. Si os pasa que no podéis parar quietos, quizá es que vuestro cerebro necesita una vía de escape productiva, no silencio sepulcral.

Lo que todavía se me escapa es cómo diferenciar ese "enfoque activo" de simplemente seguir trabajando. A veces me paso de frenada y termino corrigiendo fichas en lugar de solo organizar mis pensamientos, y eso ya sabemos que no ayuda a desconectar.
25 de mayo: El papel del cortisol y el desorden mental
A finales de mayo, con el agobio de fin de curso, la ansiedad de los domingos se volvió física de verdad. Notaba que se me olvidaban cosas tontas de la planificación del lunes, y eso me generaba más inseguridad. En el curso explicaban que el estrés prolongado eleva los niveles de cortisol, y eso afecta directamente a nuestra capacidad de recordar. Es un pez que se muerde la cola: tienes ansiedad porque crees que vas a olvidar algo, y olvidas algo porque tienes ansiedad.
Aprendí que la ansiedad no es siempre un miedo irracional; a veces es solo desorden mental. Si no confías en que tu memoria va a retener lo que tienes que hacer mañana a primera hora con los de tercero, tu sistema de alerta no se apaga. Al trabajar la estructura del pensamiento y técnicas de memorización que vi en Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito, la confianza subió y el ruido bajó. No era solo relajarse, era saber que mi "archivo" mental estaba en orden.
Aun así, no soy psicóloga ni nada parecido. Si notáis que la ansiedad os bloquea la vida diaria, por favor, id a ver a un profesional de la salud mental. Estos apuntes míos son solo herramientas de apoyo, no sustituyen una terapia. De hecho, si tenéis un diagnóstico médico, lo primero es seguir sus pautas.

Lo que aún no entiendo del todo es por qué el cerebro prioriza los recuerdos negativos o las preocupaciones sobre los éxitos de la semana anterior. Me gustaría encontrar un módulo que explique cómo "forzar" a la memoria a rescatar lo que salió bien el viernes para dormir mejor el domingo.
Mi pequeña rutina de domingo (lo que me funciona hoy)
Hace un par de semanas, preparando el nuevo calendario, consolidé lo que llamo mi "descarga de domingo". No es una norma, es solo lo que a mí me sirve después de mucho leer:
- Diez minutos de cuaderno: Escribo lo que más me preocupa del lunes. No busco soluciones, solo lo saco de la cabeza al papel.
- Evitar la quietud forzada: Si estoy nerviosa, no me obligo a meditar. Me pongo a cocinar algo para la semana o a ordenar un cajón. Actividad manual sencilla.
- Revisión de estructura: Miro mi agenda un momento para confirmar que no dependo de mi memoria a corto plazo para mañana.
Si sentís que la cabeza se os dispersa y eso alimenta vuestro agobio, recordad que saber qué hacer cuando tienes la mente dispersa es una habilidad que se entrena. Yo sigo siendo la misma maestra algo nerviosa de siempre, pero ahora el lunes ya no se siente como un muro insalvable. Casi todo lo que os he contado sobre cómo ordenar el pensamiento lo saqué de mis apuntes de Memoria Extraordinaria, que fue el curso que me dio la base técnica para entender que mi ansiedad era, en gran parte, falta de confianza en mi propia organización mental.
Todavía me queda mucho por aprender y muchas hojas que rellenar en mi libreta, pero al menos ya no me asusta que el sol se ponga los domingos por la tarde.