Cuaderno de Calma

Qué hacer para eliminar la niebla mental después de clase cada día

Una tarde de mediados de noviembre, me quedé sentada frente a los pupitres vacíos de mi clase de cuarto. Eran poco más de las dos y media, el colegio estaba en ese silencio sepulcral que solo se rompe por el sonido lejano de una fregona, y yo no recordaba qué había explicado en la última hora. Mi cabeza era un zumbido blanco, una especie de estática de radio que no me dejaba ni pensar qué tenía que comprar para la cena. Me quedé allí, oliendo a esa mezcla tan nuestra de tiza y desinfectante, sintiéndome completamente incapaz de moverme.

Antes de seguir, un apunte importante de los que me gusta dejar claros en mi cuaderno. Algunos enlaces de estas fichas están etiquetados: si acabas matriculándote a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que el importe que pagas suba nada. En el cuaderno solo termino anotando lo que estudié de principio a fin; lo que no completé, no lo menciono como recomendación. Y por supuesto, recordad que soy maestra, no médico. Si sentís que esto os supera o tenéis un diagnóstico, ved a un profesional de la salud mental.

15 de noviembre: ¿Por qué no puedo ni decidir qué cenar?

Esta fue la primera pregunta que escribí en mi libreta aquel día. Yo creía que era cansancio normal, de ese de "duerme ocho horas y mañana estarás como nueva". Pero no era así. En el curso que hice después, Reset Mental, explicaban que lo que nos pasa a los docentes no es solo cansancio físico, es un agotamiento brutal de la memoria de trabajo.

Pensadlo un momento: en España, el Real Decreto 132/2010 marca una ratio máxima de 25 alumnos por aula en primaria. Gestionar a 25 niños implica tomar cientos de decisiones por hora. ¿Le riño a este? ¿Sigo con el tema o repaso? ¿Qué cara está poniendo aquel del fondo? Eso se llama fatiga de decisión. Según planteaba la profesora del curso, el cerebro tiene un cupo limitado de decisiones al día, y nosotras lo agotamos antes del recreo.

Lo que yo no pillaba al principio es que la niebla mental es el sistema de seguridad del cerebro diciendo: "No cabe ni un dato más". Intentar forzar la máquina en ese estado solo hace que la ansiedad suba. Si os sentís así, no sois tontos ni estáis perdiendo facultades; es que vuestra memoria de trabajo está llena de 'pestañas abiertas', como un ordenador viejo.

Pizarra de colegio con restos de tiza simbolizando el final de la jornada escolar

Una tarde gris de febrero: Cuando la relajación te hace llorar

Recuerdo que en febrero, un martes de esos que parece que no se acaba nunca, intenté hacer lo que decían todos los blogs de autoayuda: llegar a casa y practicar una técnica de relajación de veinte minutos. Me puse música suave, cerré los ojos y... acabé llorando de pura frustración. No podía dejar de pensar en los boletines de notas y en que no había corregido los exámenes de naturales.

En el curso de Reset Mental (que por cierto tiene una calificación de 4.2 y se nota por qué), aclaraban que pedirle a un cerebro hiperestimulado que se quede quieto de golpe es como pedirle a un coche a 120 km/h que se detenga en seco sin frenar. Te estrellas. La respuesta fisiológica es, a veces, una crisis de llanto o más ansiedad.

Lo que aprendí es que para eliminar la niebla no hay que "relajarse", hay que "resetear". La diferencia es sutil pero importante. Relajarse es pasivo; resetear es un proceso activo de vaciado. Antes de eso, yo solía llegar al coche y no era consciente de la tensión en la mandíbula que llevaba. Solo al arrancar me daba cuenta de que llevaba horas apretando los dientes, una reacción física típica del estrés sostenido que mencionan en casi todos los módulos de salud mental que he estudiado.

Si te pasa esto, quizá te interese leer sobre las técnicas de respiración para maestros que sufren tensión en el pecho, que es donde a mí se me suele instalar el nudo antes de los lunes.

Al terminar el segundo trimestre: El hallazgo del "Reset Activo"

Aquí es donde el curso me cambió el chip. La profesora planteaba que para limpiar la niebla mental después de clase, no sirve de nada tirarse en el sofá a mirar Instagram. De hecho, eso añade más ruido visual y más decisiones (¿le doy like?, ¿veo este vídeo?).

Lo que me aclaró el material es que necesitamos actividades de "baja demanda cognitiva pero alta estimulación sensorial". Para mí, eso fue empezar a caminar por el Parque Grande al salir del cole, sin música, solo escuchando mis pasos. O cocinar algo que requiera usar las manos pero no pensar mucho, como pelar verduras.

Aquí entra el ángulo único que aprendí y que me voló la cabeza: ¿sabéis que a los alumnos con TDAH los consejos estándar de relajación les suelen fallar? Pues a nosotras, tras el esfuerzo de clase, nos pasa algo parecido. El cerebro ha estado funcionando a base de picos de adrenalina y cortisol para controlar a 25 fieras. Si cortas eso de golpe, el bajón es tan grande que aparece la niebla.

Para ciertos perfiles, especialmente si tienes rasgos de TDAH o simplemente una mente muy inquieta, el descanso pasivo es una tortura. Necesitas una estimulación dopaminérgica suave (hacer algo que te guste y te mantenga un poco alerta pero sin presión) para regular la función ejecutiva agotada. No es falta de voluntad, es química cerebral.

Manos de una maestra apretando el volante del coche por la tensión acumulada tras clase

Lo que aún no tengo claro (y sigo apuntando)

A pesar de todo lo que he estudiado en estos apuntes de Reset Mental y otros cursos como Memoria Extraordinaria, hay cosas que se me escapan. Por ejemplo, todavía no entiendo por qué unos días la niebla desaparece en diez minutos con un paseo y otros días necesito dormir una siesta de dos horas para volver a ser persona. Supongo que influye el ciclo hormonal o lo que hayamos comido, pero ahí todavía no he llegado en mi cuaderno.

Tampoco tengo claro cómo gestionar esos días de lluvia donde los niños están especialmente revolucionados y sales del centro sintiendo que te han pasado por encima con un camión. El curso da pautas, pero la práctica en un colegio público a veces supera cualquier teoría. Lo que sí sé es que ya no me culpo por pensar: 'Si no puedo ni decidir qué cenar, ¿cómo voy a planificar la unidad de ciencias de mañana?'. Simplemente acepto que mi memoria de trabajo ha dicho basta por hoy.

Si te sientes identificada con esa sensación de no poder más, te recomiendo echar un vistazo a cómo superar el agotamiento mental y recuperar la claridad, porque a veces confundimos la niebla con algo más profundo.

Estas últimas semanas de calor: Mi hoja de ruta actual

Ahora que estamos en agosto y el calor de Zaragoza aprieta, releo mis notas de todo el curso escolar. He aprendido que eliminar la niebla mental no es un truco de magia, es una higiene diaria. Mi rutina al salir de clase (y que pienso retomar en septiembre) se resume en esto:

He pasado de sentir que mi cabeza era una radio estropeada a entender que solo soy una maestra con una ratio de 25 alumnos intentando sobrevivir a la fatiga de decisión. Si quieres empezar a entender qué le pasa a tu mente cuando se bloquea, los apuntes que yo tomé de Reset Mental son un buen sitio por donde empezar a investigar. No te va a solucionar la vida de la noche a mañana, pero al menos sabrás por qué te pasa lo que te pasa.

Planta en un alféizar junto a un montón de exámenes corregidos, aportando calma

Y si el problema es que te sientes pequeña frente a tus compañeros o en las reuniones, yo también pasé por ahí y escribí sobre los pasos para vencer la inseguridad en reuniones de claustro. Al final, todo está conectado: cuanta menos ansiedad y niebla tengamos, más seguras nos sentiremos en el aula. ¡Ánimo con el cuaderno!

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