Cuaderno de Calma

Cómo gestionar los mareos por ansiedad y estrés durante las clases

Una mañana de lunes, mientras escribía el enunciado de un problema de matemáticas en la pizarra, sentí que el suelo se convertía en una balsa de aceite y el aula empezaba a balancearse suavemente. Fue la primera vez que me pasó de forma tan clara. Recuerdo perfectamente el tacto frío y metálico del riel de la pizarra bajo mis dedos mientras intentaba disimular que el mundo se inclinaba, apretando la tiza con tanta fuerza que terminó partiéndose en tres pedazos.

No sabía qué me pasaba, pero el miedo a desmayarme frente a veinticinco niños de primaria (en ese momento estaba con los de cuarto) me paralizó más que el propio mareo. En mi casa, en Zaragoza, estas cosas siempre se habían despachado con un "no será nada, aguántate y ya se pasará", pero aquel runrún no se iba. Así que, como buena maestra, saqué mi cuaderno de dudas y empecé a apuntar qué sentía y qué preguntas necesitaba responder para no perder el equilibrio, literal y figuradamente, en mitad de una sesión de 45 minutos.

28 de marzo de 2026: ¿Por qué siento que camino sobre un barco en mitad del pasillo?

Al principio no pillaba nada. Yo pensaba que los mareos eran algo puramente físico, como una bajada de tensión o que no había desayunado bien. Pero después de un par de sustos más, me di cuenta de que siempre me pasaba en los momentos de más presión: antes de una reunión de padres o durante las semanas de evaluaciones. Según el primer curso online que hice para entender mi ansiedad, lo que yo sentía no era un problema de oídos ni de tensión arterial baja. De hecho, alguna vez me tomé el pulso en la sala de profesores y estaba en el rango normal, entre 60 y 100 lpm, así que mi corazón no era el problema.

En el curso explicaban que, cuando el cuerpo detecta un estrés mantenido, activa la respuesta de "lucha o huida". El problema es que en clase no puedes ni pegar a nadie ni salir corriendo por el pasillo (aunque a veces den ganas). Esa energía se queda estancada y el sistema nervioso se desajusta. Lo que yo sentía, esa punzada de calor súbito en la nuca seguida de una sensación de flotabilidad, como si mis pies no pesaran nada al caminar por el pasillo, es en realidad una interpretación errónea que hace mi cerebro de las señales de equilibrio.

Antes de seguir, os recuerdo lo que siempre digo: yo soy maestra, no médico. Si sientes mareos, lo primero es que te vea un profesional de la salud para descartar otras cosas. Y si ya tienes un diagnóstico o tomas medicación, sigue siempre las pautas de tu doctor. Yo solo os cuento lo que he ido estudiando en mis ratos libres para entender mi propia cabeza.

Lo que el curso me aclaró es que la ansiedad puede afectar al sistema vestibular, que es el que nos dice dónde está el arriba y el abajo. Cuando estamos muy tensos, los músculos del cuello se vuelven piedras y eso altera la información que llega al cerebro. Al final, el cerebro se lía y te manda esa sensación de que el suelo se mueve. En el curso lo planteaban de esta manera: es como si tu brújula interna estuviera intentando funcionar en medio de una tormenta magnética.

Lo que aún no tengo claro: No termino de entender por qué a veces el mareo dura apenas unos segundos y otras veces me quedo con una sensación de "resaca" de inestabilidad que me dura toda la tarde, incluso después de haber salido del cole y estar tranquila en casa.

15 de mayo de 2026: El error de las respiraciones profundas (que yo también cometía)

Escritorio de maestra con cuaderno abierto sobre ansiedad y mareos en el aula.

Esta es la parte que más me voló la cabeza del segundo módulo del curso. Siempre nos han dicho que, si te mareas o te pones nerviosa, "respira hondo". Pues resulta que, según lo que aprendí, eso puede ser lo peor que hagas en ese momento. Os cuento por qué: cuando estamos ansiosos, solemos respirar de forma muy superficial y rápida sin darnos cuenta. Esto provoca una leve hiperventilación que baja los niveles de dióxido de carbono en sangre (hipocapnia).

Si en ese momento de mareo te pones a dar bocanadas de aire profundas y forzadas, lo que haces es echar todavía más CO2 y meter más oxígeno del que necesitas, lo que aumenta la sensación de mareo, hormigueo en las manos y esa idea de que te vas a desmayar de forma inminente. La profesora del curso insistía mucho en esto: evita practicar respiraciones profundas durante los mareos en clase, ya que forzarlas puede empeorar la situación.

A mí me pasaba que, en cuanto notaba que el aula se balanceaba, empezaba a respirar como si estuviera inflando un globo. Al final acababa peor. Lo que aprendí es que es mucho más efectivo lo que llaman la "respiración rectangular": inspirar en 4 tiempos, retener 2, espirar en 4 y esperar otros 2 antes de volver a empezar. Pero sin forzar, como si no quisieras que nadie se diera cuenta de que estás controlando el aire. A veces, aliviar el nudo en el estómago antes de entrar ayuda a que esa respiración no se dispare desde el primer minuto.

Otro truco que me enseñó el curso es el anclaje visual. En lugar de cerrar los ojos (que es lo que te pide el cuerpo pero que empeora el mareo porque pierdes la referencia del horizonte), hay que fijar la vista en un punto que sepas que es estable. Yo suelo mirar el marco de la puerta o una esquina de la estantería de los libros de texto. En los 6 cursos que tiene la primaria, siempre hay algún objeto que puedes usar de referencia fija.

Lo que todavía se me escapa: Todavía me cuesta diferenciar en el momento si el mareo viene de la vista o es puramente tensional. A veces noto que la vista se me nubla un poco (deformación profesional, supongo, de tanto corregir exámenes) y no sé si eso dispara la ansiedad o si es al revés.

10 de julio de 2026: Técnicas de "grounding" para no sentir que flotas

Mano de maestra sujetando con fuerza el riel de una pizarra verde.
Dibujo de la técnica de respiración rectangular en un cuaderno de notas.
Pies de una maestra firmemente apoyados en el suelo del aula.

Después de unas tres semanas de práctica constante, empecé a notar que el suelo dejaba de ser esa balsa de aceite. Una de las cosas que más me ha servido es el concepto de "grounding" o toma de tierra. En el curso lo explicaban como una forma de decirle a tu sistema nervioso: "Ey, estamos aquí, el suelo es sólido y no hay ningún peligro real".

Cuando noto que empieza esa sensación de flotabilidad, hago lo siguiente sin dejar de explicar la lección (los niños ni se enteran):

Esto ayuda a que el cerebro deje de centrarse en la señal interna de error (el mareo) y vuelva a procesar los estímulos externos reales. A veces, la sensibilidad al ruido en clase hace que esto sea difícil, pero si consigues aislar un solo sonido, el mareo suele remitir más rápido.

También he aprendido a ser más amable conmigo misma. Antes me castigaba mucho pensando que era una floja por marearme en el trabajo. Ahora sé que es solo mi cuerpo intentando protegerme de un estrés que no sabe gestionar de otra forma. De hecho, he descubierto que estas sensaciones son mucho más comunes de lo que pensamos entre los docentes. A veces, hablar de ello con naturalidad (sin asustar a los críos, claro) quita mucha presión. Recuerdo que una vez mencioné estas claves para superar el miedo a cometer errores con una compañera y resultó que a ella le pasaba lo mismo pero le daba vergüenza decirlo.

Lo que aún no tengo claro: Me pregunto si el calzado influye. He empezado a usar zapatos con la suela más fina para sentir mejor el suelo, pero no sé si es sugestión mía o si realmente ayuda a mi sistema de propiocepción a estar más alerta.

En fin, que poco a poco mi cuaderno tiene más respuestas que preguntas. El suelo ya no se mueve tanto y, cuando lo hace, ya no me asusto como antes. Sé que es mi "runrún" avisándome de que necesito bajar el ritmo, y ahora sé cómo responderle sin perder el equilibrio. Estos apuntes los he ido sacando de los cursos online que voy haciendo; si a alguien le sirven para no sentirse tan sola en mitad del aula, ya habrá valido la pena escribirlos.

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