Cuaderno de Calma

Claves para superar el miedo a cometer errores en el trabajo por ansiedad

Soy Irene, maestra de primaria en un colegio público de Zaragoza. Llevo ya seis cursos delante de pizarras y cuadernos, pero desde aquel 2020, algo se me quedó encajado en el pecho. Empecé a estudiar por mi cuenta qué me pasaba por la cabeza porque en mi casa los nervios eran algo que se aguantaba y ya está. Antes de seguir, os cuento que algunos enlaces de estas fichas están etiquetados: si acabas matriculándote a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que lo que pagas suba nada. En mi cuaderno solo anoto lo que he estudiado de principio a fin; lo que no me sirve o no termino, no lo veréis aquí.

15 de noviembre de 2025: ¿Por qué me da pánico equivocarme al corregir si llevo seis años en esto?

Aquella noche de domingo en mi piso de Zaragoza el cierzo golpeaba la ventana con una fuerza que me ponía los pelos de punta. Tenía delante una pila de 25 exámenes de matemáticas —el ratio máximo por aula que marca la ley, que ya os digo yo que se nota— y estaba paralizada. No era falta de ganas, era un miedo físico a poner un dato mal o a ser injusta en una nota. Pensaba para mis adentros: "Si me equivoco en este informe o en esta corrección, pensarán que después de seis años todavía no sé hacer mi trabajo". Es el famoso runrún de la ansiedad que no te deja avanzar.

Antes de ponerme a estudiar esto, yo creía que la solución era ser más organizada. Intenté solucionar mi ansiedad comprando tres agendas distintas, cada una de un color, pensando que el orden externo callaría el desorden interno; solo conseguí más frustración y tres libretas vacías. En el curso que hice sobre inseguridad, la profesora planteaba que el miedo al error no es falta de capacidad, sino una sobreestimación de las consecuencias del fallo. Lo que antes no pillaba es que mi cerebro estaba tratando un error en un acta como si fuera una amenaza vital.

Lo que el curso me aclaró es que la ansiedad laboral suele alimentarse de un perfeccionismo que nos inventamos para sentirnos seguras. Aprendí que cuando el pecho se tensa antes de los lunes, no es porque no sepas tu lección, sino porque has puesto tu valor como persona en no fallar ni una coma. Pero os digo una cosa: lo que aún no tengo claro es cómo desconectar ese chip de golpe cuando la presión del centro aumenta. Supongo que es un entrenamiento diario.

Pila de exámenes de primaria con correcciones en bolígrafo rojo sobre una mesa de madera

28 de enero de 2026: ¿Es normal que la mandíbula se me ponga como una piedra al hablar con los padres?

Acabábamos de volver de las vacaciones de Navidad y tenía la primera reunión de tutoría. Noté esa tensión súbita en la mandíbula que me impide hablar con fluidez cuando un padre me pregunta algo que no he preparado al milímetro. Es una sensación de bloqueo total. A veces, siento el tacto frío de la llave del colegio en el bolsillo mientras me sudan las manos antes de que suene el primer timbre, y me pregunto si algún día entraré al aula con la misma calma que mis compañeros veteranos.

En los apuntes que tomé de los materiales de estudio, explicaban que este miedo a la evaluación externa es una rama de la inseguridad. Para combatirlo, empecé a aplicar técnicas de cómo superar el síndrome del impostor y ganar confianza en el colegio. Según el curso, una de las claves es la exposición gradual: permitirte errores pequeños y controlados para enseñarle a tu sistema nervioso que no pasa nada. Por ejemplo, dejar una falta de ortografía adrede en la pizarra y corregirla delante de los niños, riéndome de mí misma.

Esto es lo que aprendí, no es una norma: la seguridad no viene de no fallar, sino de saber que puedes gestionar el fallo. Aun así, os recuerdo que yo soy maestra, no médico. Si sentís que este nudo os impide vivir, por favor, acudid a un profesional de la salud mental; no hay cuaderno que sustituya a un terapeuta si hay un diagnóstico de por medio.

Mano de una maestra apretando las llaves del colegio dentro del bolsillo del pantalón

12 de mayo de 2026: ¿Se puede ser perfeccionista sin acabar con un nudo en el estómago?

Una tarde de mayo, antes de las tutorías finales, me dio por comparar mi situación con la de otros profesionales. Me acordé de un ejemplo que daban en un foro sobre cirujanos en formación. A diferencia de nosotras en el aula, un cirujano no puede permitirse el lujo de la "autocompasión relajada" ante un error técnico, porque las consecuencias son vitales e inmediatas. Esa exigencia de precisión absoluta es real para ellos. El problema es que los que sufrimos ansiedad laboral a veces operamos mentalmente como si estuviéramos en un quirófano cuando solo estamos subiendo una nota al sistema o repartiendo circulares.

En el curso 4 Herramientas para Vencer la Inseguridad, de donde saqué estos apuntes, insistían mucho en diferenciar la responsabilidad de la culpa. He aprendido a usar estrategias de cómo mejorar la concentración para corregir exámenes sin sentir ansiedad, enfocándome en la tarea presente y no en lo que dirán de mí si me equivoco. Lo que todavía no entiendo bien es por qué, aunque sepa esto racionalmente, mi cuerpo a veces sigue reaccionando con taquicardia.

Lo que sí tengo claro ahora es que intentar ser perfecta es la forma más rápida de volverse ineficiente. Si paso tres horas revisando un informe de un alumno, no estoy siendo mejor maestra; estoy perdiendo energía que necesito para estar presente en clase con ellos al día siguiente. No es una verdad absoluta, pero a mí me ha servido para soltar un poco de lastre.

Pizarra verde de colegio con una palabra escrita con un error a propósito para practicar la resiliencia

10 de junio de 2026: ¿Y si el error no es el enemigo, sino parte de la clase?

Llevo unas tres semanas aplicando de verdad lo que anoté en mi cuaderno. Ya no busco la perfección, sino la funcionalidad. He aprendido a aliviar el nudo en el estómago por ansiedad aceptando que soy humana. Si me equivoco en una suma en la pizarra, les digo a mis alumnos: "¡Vaya! Me he colado, ¿quién me ayuda a corregirlo?". Eso les enseña a ellos más sobre la resiliencia que cualquier lección teórica.

El material que más me ayudó a entender esto fue el de 4 Herramientas para Vencer la Inseguridad. Me dio una estructura cuando mi cabeza era solo ruido y miedo a fallar. No es que la ansiedad haya desaparecido por arte de magia —sigo teniendo mis noches de darle vueltas a las cosas—, pero ahora tengo un sitio donde mirar cuando el miedo al error me intenta paralizar el brazo.

Para terminar, si os veis reflejados en esto de dudar de cada paso que dais en el trabajo, recordad que no estáis solos y que vuestro valor no depende de vuestra productividad. Si estáis bajo tratamiento médico o tenéis mucha angustia, hablad con vuestro médico de cabecera. Yo seguiré aquí, apuntando en mi libreta lo que voy descubriendo módulo a módulo, intentando ser cada día un poco más maestra y un poco menos jueza de mí misma.

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