Cuaderno de Calma

Por qué siento cansancio físico por ansiedad al terminar la jornada

25 de agosto de 2026

A veces llego a casa después del colegio y me quedo sentada en el sofá con el abrigo puesto, incapaz de moverme. Siento que el cuerpo me pesa como si hubiera cargado sacos de cemento en lugar de corregir libretas o explicar las divisiones. Es un agotamiento que no se parece al de haber hecho una excursión por el Moncayo; es algo más denso, como si tuviera los músculos rellenos de arena.

Antes de seguir, os cuento que algunos enlaces de estas entradas tienen una etiqueta: si os apuntáis a un curso a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que a vosotros os cueste ni un céntimo más. Yo solo escribo sobre lo que he estudiado de arriba abajo en mi cuaderno; lo que no me sirve, no lo veréis aquí. Y recordad, soy maestra, no médico. Si tomáis medicación o tenéis un diagnóstico, haced caso siempre a vuestro profesional de salud mental.

¿Por qué llego a casa tan cansada físicamente si solo he estado dando clase?

Antes de ponerme a estudiar esto por mi cuenta, yo creía que mi cansancio era pura falta de sueño o que me estaba haciendo mayor (aunque solo tengo treinta y pocos). En mi casa, en Zaragoza, siempre se ha dicho que el cansancio se cura durmiendo y punto. Pero daba igual que durmiera ocho horas; a mediados de mayo de este año, la sensación seguía ahí. ¿Cómo es posible que después de estar seis horas de pie con niños de primaria, lo que más me duela sea la base del cráneo y no las piernas?

En el curso que estuve haciendo, Memoria Extraordinaria, explicaban algo que me dejó dándole vueltas a la cabeza. Resulta que la ansiedad no es solo un runrún mental; es un estado de alerta constante. Mi cuerpo interpreta que el ruido del aula o la presión por terminar el temario son amenazas. Según el material del curso, cuando estamos en ese estado de 'lucha o huida', nuestro cerebro consume glucosa de forma masiva. Es como si el motor de un coche estuviera acelerado en punto muerto: no avanzas, pero quemas el depósito entero.

Apuntes manuscritos sobre la relación entre ansiedad y falta de energía física

El ruido que agota los músculos

Uno de los momentos de mayor verdad para mí fue identificar el zumbido del aire acondicionado de la clase que, al dar las dos de la tarde, suena en mi cabeza como si fuera una turbina de avión. En el curso lo planteaban de esta manera: nuestra mente gasta una energía increíble intentando filtrar ese ruido y el caos propio de veinticinco niños. Si además le sumas la ansiedad de querer controlarlo todo, el sistema nervioso no baja de revoluciones en toda la mañana.

Yo cometí el error de principiante de intentar combatir esto con más café. Pensaba que si estaba cansada, necesitaba un estímulo. Lo que conseguí fue entrar en un estado de 'cansada pero eléctrica'. Tenía una presión justo detrás de los ojos que aparecía en el momento en que cerraba la puerta del aula y que desaparecía solo cuando llegaba a casa y empezaba a escribir en mi cuaderno de notas.

Incluso intenté mejorar mis problemas de memoria por ese cansancio mental comprando suplementos de magnesio, pensando que eran mis músculos los que fallaban. Ignoraba que el nudo real estaba en mi incapacidad para procesar el ruido mental del día. En el curso mencionaban que la tensión muscular sostenida por la ansiedad, lo que llaman hipertonía, provoca una acumulación de ácido láctico similar a la de un entrenamiento físico intenso. Por eso nos duelen los hombros y el cuello como si hubiéramos ido al gimnasio.

Cajón con suplementos de magnesio y bolígrafos rojos en un escritorio de profesora

Lo que el descanso estándar no entiende

He leído mucho sobre 'higiene del sueño', pero me he dado cuenta de que esos consejos a veces fallan porque no tienen en cuenta nuestra realidad. Me pasa como a los trabajadores en turnos rotativos: el consejo estándar de acostarse siempre a la misma hora es un lujo que no siempre repara la fatiga si el ritmo circadiano está alterado por picos de estrés constantes. Si tu sistema nervioso cree que todavía tiene que estar vigilando que nadie se pegue en el recreo, por mucho que te tumbes a las diez, tu cuerpo no 'suelta' el peso.

A mediados de mayo, cuando la carga lectiva en España aprieta (recordad que los maestros de la pública estamos en unas 25 horas lectivas semanales, más guardias y reuniones), entendí que mi cansancio no se iba a ir con una siesta de tres horas. Necesitaba vaciar el ruido mental. Manejar la sensibilidad al ruido en clase fue clave para que mi cuerpo no llegara en estado de 'emergencia' a casa.

En el curso lo explicaban así: si no aprendes a gestionar cómo tu mente filtra la información, tu cuerpo pagará la factura energética. Me fijé en que este curso de Memoria Extraordinaria tenía una valoración de 4.3 sobre 5, y creo que es precisamente porque no se queda en 'haz crucigramas', sino que te explica cómo el ruido mental te drena por completo.

Pantalla de tablet mostrando el progreso del curso Memoria Extraordinaria

Lo que todavía no tengo claro

Aunque he mejorado mucho desde que empecé a aplicar lo de los apuntes y a dejar de rumiar pensamientos negativos tras el cole, hay algo que se me escapa. No entiendo por qué unos días ese cansancio físico se traduce en un hambre voraz de cosas dulces y otros días se me cierra el estómago por completo. Supongo que tendrá que ver con esos niveles de glucosa que mencionaba el curso, pero todavía no he llegado a ese módulo o quizás es algo que debería preguntarle a un nutricionista o a mi médico de cabecera.

Tampoco tengo claro si este cansancio físico acumulado puede llegar a ser crónico si no se corta a tiempo, o si simplemente es una señal que el cuerpo nos manda para que paremos. De momento, acepto que mi fatiga es una señal de mi mente pidiendo orden, no más café ni más siestas.

Si sentís que vuestra cabeza va a mil y el cuerpo no os responde al llegar a casa, a mí me sirvió mucho entender la parte técnica de cómo nos concentramos y cómo el ruido nos agota. Estos apuntes los saqué sobre todo del curso Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito, que es el que más me ha ayudado a poner palabras a lo que me pasaba. No es una solución mágica, pero para mí fue el principio del cambio.

Podéis echar un vistazo al curso aquí si os interesa profundizar en esto.

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